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Las campanas de oro en Rere: un lugar histórico digno de conocer

por La Tribuna

La leyenda cuenta que ni con siete yuntas de bueyes fueron capaces de salir del pueblo y bastó solamente una para devolverla a su lugar.

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La localidad de Rere, ubicada a 21 kilómetros al oeste de la ciudad de Yumbel, es un pueblo de significación histórica. Y mucha.

El origen etimológico de Rere proviene del mapudungún, que significa pájaro carpintero. Ello, en honor a una de estas aves de color negro que martillaba -en aquel tiempo- los árboles de roble. En la actualidad, ya no es posible encontrarlos por la acción de las forestales.

Cuenta la historia que en 1553, los indígenas de la zona mostraron a Pedro de Valdivia una batea llena de oro que habían extraído desde el lecho del estero de Quilacolla.

En esos momentos, Pedro de Valdivia exclamó: “desde este momento, comienzo a ser un señor”.

Con ello se inicia la leyenda de la mítica ruta del oro de la frontera del Biobío, la que se extiende por Penco y cruza todo el valle de La Mocha, bordea el río Biobío pasando por ciudades como Chiguayante, Santa Juana, Talcamávida, hasta llegar a la localidad de Rere.

El que Pedro de Valdivia haya dicho que desde este momento comienza a ser un señor, no fue sólo un mero capricho.

Su expresión hacía alusión -supuestamente- al hecho de que ganaría un título nobiliario en función de la cantidad de oro que se encontraba en la Gobernación que estaba bajo el resguardo por mandato del Rey de España.

En 1603 se funda un asentamiento en la localidad de Rere, el que fue instalado con fines militares, agrícolas y mineros: el fuerte de Nuestra Señora de la Buena Esperanza de Rere.

Esta fiebre del oro deriva en que los españoles llevan a los indios con una batea hasta el estero de Quilacolla con la finalidad de sustraerlo, sin que estos últimos entendieran el motivo ya que este preciado bien tenía un significado distinto al que le concebían los españoles.

El encuentro de las dos culturas fue bastante duro, y dejó muchos enfrentamientos. Para evitar este “choque” entre estas dos culturas, se instaló en la zona la Orden Misionera Jesuita de Buena Esperanza de Rere y se funda un colegio, en el que también se educó el cacique Lientur.

En los tiempos de la Colonia, esta zona llegó a tener más de 30 mil habitantes y su extensión demográfica llegaba hasta ciudades como Copiulemu, Florida y Chillán.

Por las fortificaciones que se construyeron, Rere se convirtió en una localidad muy importante en su tiempo, especialmente en el orden militar más que minero.

Desde Madrid, España, llegó a Rere el padre Juan Pedro Mayoral a educar a los habitantes del lugar. Según cuenta la historia, Mayoral tenía dones milagrosos.

En su estadía en Rere, se dice que plantó una palma chilena, la que marca la presencia de jesuitas en la zona y que todavía es posible apreciar junto a otras tres plantas de la misma especie.

Dicen que si una persona se acerca a la palma plantada por el padre Mayoral podrá apreciar incrustaciones u orificios en su tronco, donde supuestamente la gente era amarrada y flagelada como un vestigio de la lucha entre españoles y mapuches.

El padre Mayoral murió en Rere y se entiende que sus restos están sepultados en esta localidad.

Con donaciones de la gente y de tertulias literarias, en 1721 se obtiene el dinero para construir tres campanas de oro en Rere: la del medio pesa mil 300 kilos y las otras dos no más de mil.

Cuenta la leyenda que las campanas tienen un 12% de concentración de oro. Bien sabido es que el metal noble de los instrumentos musicales es el bronce.

Ahora, si las campanas fueran solamente de oro, éstas se romperían. Sería esta combinación de oro y bronce la que da un color -según dicen- muy especial a las campanas por su sonido.

Según estudios que se han realizado en torno a éstas, su sonido se puede escuchar a más de 20 kilómetros.

Lo que sí es seguro es que a 5 kilómetros a la redonda, la gente puede escucharlos claramente y van a misa todos los domingos porque esas campanas están en pleno funcionamiento.

Fue tanto el interés que despertó la supuesta codicia por estas campanas tan bonitas, que la mayor querían llevarla a la Catedral de Concepción.

La leyenda cuenta que ni con siete yuntas de bueyes fueron capaces de salir del pueblo y bastó solamente una para devolverla a su lugar.

En 1760, el rey Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas de América, por lo que tanto las campanas como los bienes de los jesuitas pasaron a ser administrados por los hermanos franciscanos, quienes tuvieron la preocupación y el cuidado de proteger lo más posible la integridad de los bienes.

En la década de 1920 se cumplió una nueva campaña para reunir fondos. Con el dinero recaudado se pudo levantar el lugar donde, actualmente, están las campanas de Rere.

Se trata de un campanario, que es una torre de estilo gótico que si uno sube se percatará de que las campanas son más grandes que las ventanas, como testimonio de la voluntad del pueblo de Rere de que nunca más tuvieran la osadía de sacarlas de ese lugar.

En la década de 1970, el secretario del Vaticano, quien posteriormente pasó a ser el Papa Paulo IX, recibió un expediente con el cual se inicia un juico canónico para poder convertir a Mayoral en un santo.

Pese a que nunca logró concretarse dicho proceso, en la actualidad el padre Mayoral está declarado siervo de Dios que es el primer paso para ser declarado un santo.

En la actualidad, Yumbel tiene dos patronos: San Sebastián y el padre Mayoral. Hay muchas personas que, hasta el día de hoy, acuden a pedirle por un milagro.

En 1984, la Sociedad Chilena de Historia y Geografía presentó un expediente al Consejo de Monumentos Nacionales que permitiera declarar las campanas de oro de Rere como Monumento Nacional.

La solicitud fue devuelta con una sugerencia, pretendiendo que se declarara zona típica, pero la fisionomía del pueblo había cambiado mucho y sólo se conservaban algunos lugares.

Mediante Decreto Supremo 165 del Ministerio de Educación, el 26 de marzo de 2012 se declara Monumento Nacional al conjunto Jesuita de Rere.

Esto contempla la lápida de la tumba del padre Juan Pedro Mayoral, las palmas chilenas, las campanas de oro y la Torre Campanario.

Fotografía de Nivia Riquelme

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