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Los Ángeles, Martes 13 de Noviembre de 2018
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REPORTAJES
Fecha: 22-06-2018
ANÁLISIS Y TESTIMONIOS
La pérdida del verdadero sentido en la celebración del We Tripantu en Alto Biobío
Educadores y antiguos habitantes de la zona coincidieron en que la festividad del año nuevo mapuche en el territorio ya no es lo mismo de antes.
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Publicado por JUAN PABLO VERGARA, LaTribuna

Entre el 21 y 24 de junio de cada año, durante el solsticio de invierno, distintos pueblos originarios celebran la salida del sol y el inicio de un nuevo ciclo de renovación de la tierra, lo cual en la cultura mapuche se conoce como We Tripantu (Año nuevo mapuche).

 

De acuerdo al Censo de 2017, una de las comunas con mayor presencia de población indígena en el país es Alto Biobío, donde cerca del 84 por ciento de sus habitantes se declararon pertenecientes a la etnia mapuche, es decir, alrededor de 5000 de las cerca de 6000 personas que en total viven en este municipio cordillerano.

 

Sin duda, razón más que de sobra para pensar que todavía la celebración del We Tripantu en este territorio se vive de manera especial, aunque a juzgar por los testimonios recogidos en la misma comuna de Alto Biobío, este lugar no escapa a la pérdida de tradiciones e indiferencia que se da, fundamentalmente, entre los mapuches más jóvenes.

 

ANTIGUOS WE TRIPANTU

Néstor Queupil se desempeña como educador tradicional en el Liceo Técnico Profesional Intercultural Bilingüe de Ralco y se encuentra a cargo de fortalecer los valores y el conocimiento mapuche-pehuenche.

 

Este docente se refirió a la manera de cómo antiguamente las comunidades que habitaban la zona se alistaban para recibir la festividad cada año.

 

“Las familias se preparaban como si fueran a recibir una visita sin que ellos tuvieran idea de quién pudiera llegar, pero ellos para los días de We Tripantu se preparaban, hacían “chaví” (bebida en base al piñón), preparaciones de comida, hacían limpieza de su casa, y de alguna forma eso ya no se realiza, hoy en día esto en muchos lugares es algo más bien simbólico, más superficial”, contó.

 

A juicio de este docente, la integración de la cultura mapuche a la sociedad occidental es el principal factor que explica el desarraigo de las nuevas generaciones hacia las costumbres de sus antepasados.

 

“Eso ha hecho que se tergiverse lo que es la celebración del We Tripantu, el que muchos confunden con la celebración de San Juan o le dan más valor a esa festividad. De alguna forma esto tiene que ver con el sincretismo que se ha producido con la sociedad occidental”, sostuvo.

 

Asimismo, el educador planteó que muchas de las personas que en la actualidad participan de esta festividad, no lo hacen desde el verdadero sentido que tenía esta fiesta para el pueblo mapuche.

 

“El baño en la mañana, hoy en día mucha gente lo hace, pero lo hace desde la concepción de contar después que lo hizo, no con el sentido propio que tenía antiguamente (…) La familia se levantaba, se iba a hacer ese baño, pero lo hacían desde el corazón, del creer que realmente iba a limpiar su espíritu, su cuerpo”, recalcó Néstor Queupil.

 

Sin embargo, para este profesor no todo resulta desesperanzador. “Nos encontramos con una actualidad súper satisfactoria, en el sentido que los jóvenes manifiestan cierto interés en poder retomar esta celebración, así que de alguna forma la responsabilidad recae en los papás, en los mayores, tal vez nosotros los educadores que tenemos este trabajo, para que los estudiantes se interesen cada vez más, ponerles a disposición la oportunidad de que ellos participen, trasnochen, como lo hacen muchas veces, pero a esperar y a conversar en torno a la celebración del We Tripantu”, expresó.

 

De igual modo, describió las actividades que distintos grupos organizan en la comuna para conmemorar el año nuevo mapuche. “Hay comunidades como en el caso de Caiñicú, donde la conmemoración se realiza en torno a la escuela. Es bien interesante, porque de alguna forma los niños se involucran en una celebración que es comunitaria, que es dirigida por el lonko, dirigida por personas mayores, por ancianos, de alguna forma le dan esta connotación más propia de la comunidad”, describió.

 

Agregó que los distintos establecimientos educacionales de la comuna también se suman a la celebración del año nuevo mapuche con distintas actividades. “En el liceo de Ralco nosotros vamos a hacer un conversatorio, una actividad que antiguamente se realizaba la familia alrededor del fogón, esperar la llegada del We Tripantu en la noche”, comentó, detallando que la jornada incluye un ngellipún (oración), matetún (desayuno), presentaciones pedagógicas sobre temas relacionados a la actualidad de los pueblos originarios y juegos mapuches.

 

RECUERDOS DE INFANCIA

La Escuela E-970 de Ralco también dispone de un educador tradicional. Se trata de Manuel Huenupi, de 50 años, nacido en la comunidad de Kawelluco (que significa caballo del agua) y quien compartió recuerdos de cómo eran los We Tripantu en vida de sus abuelos, comparándolos a cómo hoy en día se conmemora esta festividad mapuche.

 

“En aquellos tiempos mis abuelos celebraban el We Tripantu con las cosas que guardábamos de la cosecha del verano, secábamos mucha fruta, cazábamos animales que daba la montaña y de eso guardaba la gente (…) En este tiempo se sacaba para darse un banquete, como dicen los buenos chilenos. En cambio, ahora todo eso podemos encontrarlo fácilmente. Uno va a un negocio, a un supermercado y compra toda la carne, toda la fruta, todo lo que uno quiere comer. O sea, hoy el We Tripantu es algo más tecnológico, es más avanzado en cuanto a la gastronomía. Y no hay muchas tortillas, catutos que antes comíamos nosotros”, conversó.

 

“Hoy en día lo niños ya no tienen ese conocimiento que alguna vez nuestros abuelos nos enseñaron, algunos han perdido la lengua, de hacer oraciones en “chedungün” e incluso muchos no saben lo que es el We Tripantu”, añadió.

 

Zoila Beroíza Pellao, de 64 años, nacida en la localidad de Callaqui, también rememoró los We Tripantu que se celebraban en su comunidad cuando era una niña.

 

“Festejaban los viejitos, invitando a casa a comer todo lo que tenían, después, a la vuelta, el invitado hacía lo mismo. Uno tenía que llevar lo que hacía en la casa o sino la otra familia convidaba”, relató.

 

Respecto a cómo observa hoy que se vive esta fiesta dijo que “la gente ya no quiere hablar más chedungün, por eso se está terminando el We Tripantu o cómo lo celebrábamos nosotros (…) Yo antes no sabía español, sólo sabía dar mi nombre. También podía leer, pero hablar no, cuando me conversaban no podía contestar”, contó.

 

Sobre el significado que tenía esta celebración para su comunidad, es especial, el baño de mañana en un estero dijo que servía para que el agua se llevara “la mala suerte, que venga buena suerte, a eso iba rogar uno”, afirmó.

 

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