Editorial

Paso Pichachén

Pichachen,
Pichachen / FUENTE:

Después del cierre forzoso durante dos años debido a las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia del covid-19, el 5 de diciembre del 2022 volvió a abrirse al tránsito internacional el paso Pichachén, hito fronterizo situado en la comuna de Antuco que tiene la particularidad de ser el único punto de integración terrestre de la Región del Biobío con la provincia argentina de Neuquén.

A cabo de tres meses y 20 días, las cifras oficiales de usuarios son bastante alentadores. Más de tres mil 600 personas cruzaron por el complejo aduanero que conecta con la localidad de El Cholar, Argentina, lo que, a primeras luces, representa un elemento más en la reactivación de las economías locales y en los servicios turísticos en todo el territorio.

Lo más importante es que los antecedentes proporcionados por las autoridades revelan que, a 25 años de la primera vez que se reabrió el paso Pichachén, sigue creciendo el interés por usar esa alternativa de conexión con el vecino país. Pese a que la vía no está pavimentada (desde las cercanías de la localidad de El Abanico hasta el hito fronterizo), dicho trayecto permite la circulación de vehículos de menor tamaño debido a que no tiene grandes accidentes geográficos, salvo desde la entrada al parque nacional Laguna del Laja hasta las canchas de esquí.

Está anunciada la construcción de un nuevo complejo aduanero mientras se avanza en los estudios para pavimentar el tramo hasta la misma frontera con Argentina, inversión que tener su contraparte en el vecino país.

Sin embargo, las inversiones que han sido comprometidas – algunas de las cuales son por varias decenas de millones de dólares - no serían posibles ni se justificarían si no fuera porque hay un decidido interés de emplear el paso Pichachén como puerta de comunicación entre ambos territorios, el cual se ha ido incrementando con el paso del tiempo. Pero no solo se satisfacen las necesidades de las personas, sino que también se convierte en una excelente oportunidad de complementariedad económica entre la región chilena y su contraparte argentina de Neuquén al aprovecharse los puertos nacionales para los envíos trasandinos hacia el mercado del Asia Pacífico.

Cuando el paso Pichachén fue reabierto por primera vez en enero de 1998, la intención de sus promotores fue robustecer la integración de ambas naciones que – recién un par de décadas antes – estuvieron al borde de una guerra fratricida. Dicha reapertura fue la culminación de gestiones iniciadas en los años ’80, siguiendo la tradición de las comunidades pehuenches que utilizaban el paso Pichachén (o Boquete Antuco, como se le conoció en el siglo XVIII) para comercializar sus productos.

La consolidación definitiva está ad portas de ser una realidad que debe ser atizada por la expresión de voluntades e intereses de las autoridades, de los empresarios y, principalmente, de la propia comunidad que puede visitar Argentina desde la región del Biobío, recorriendo lugares mágicos y maravillosos que la naturaleza nos ha prodigado.

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