A las 3:34 de la madrugada del 27 de febrero de 2010, un devastador terremoto de magnitud 8,8 sacudió gran parte del centro-sur de Chile. En la provincia de Biobío, el saldo fue de 16 víctimas fatales, según los datos del Servicio Médico Legal. De las víctimas, 13 residían en Los Ángeles, mientras que las otras tres fueron de Yumbel, Mulchén y Laja. Este trágico episodio marcó un antes y un después en la historia reciente de la región, pero también impulsó avances en materia de preparación y respuesta ante desastres naturales.
En entrevista con diario La Tribuna, Carlos Yáñez González, ingeniero geomático, egresado de la Universidad de Concepción campus Los Ángeles, destacó que en estos 15 años se han registrado avances en la tecnología de monitoreo y alerta temprana.
Yáñez, en 2023, realizó un estudio titulado "Análisis espacial de la vulnerabilidad sísmica para el área urbana de Los Ángeles", generando un mapa de riesgos, que expuso en el Segundo Congreso de Amenaza Sísmica, desarrollado del 23 al 25 de agosto de ese año, en Concepción.
"Estamos mejor preparados que para el terremoto del 27/F del año 2010 debido a la tecnología. Chile ha implementado hartos sistemas de alerta temprana a través del Senapred. Estamos en constante monitoreo de los sistemas de alerta y también existe harta cultura de sismología en Chile", expresó Yáñez, al reconocer un cambio cultural importante en la forma en que se reacciona a los temblores: "Podemos ver que cuando ocurre un sismo, la gente se comporta de una manera muy tranquila. Entonces, eso es una gran ventaja con respecto a los terremotos pasados".
Otro avance importante, según el experto, son las estrictas normas sísmicas implementadas en el país, que garantizan que los edificios, especialmente aquellos de primera necesidad como hospitales y escuelas, estén preparados para resistir fuertes movimientos telúricos. Con ello, destacó que se ha logrado reducir el riesgo de colapso y así se ha aumentado la seguridad de las personas.
En ese sentido, resaltó los avances en los Sistemas de Alerta Temprana que cuentan con el respaldo de entidades como el SHOA (Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada) y el Centro Sismológico Nacional "que tienen bien monitoreada la costa y gran parte de la cordillera con hartos GPS y sistemas que pueden alertar a la comunidad y hay mucha gente que también está trabajando con esos datos". Manifestó también que el conocer información en tiempo real sobre la actividad sísmica permite mejorar la coordinación y las respuestas ante desastres, contribuyendo a una mayor seguridad para la población.
El ingeniero geomático también resaltó un aspecto fundamental, una vez ocurrido el terremoto: El comportamiento de la población.
Tras un sismo, es común que las personas intenten comunicarse con sus seres queridos, pero, en algunos casos, esto puede generar congestión y dificultar las labores de emergencia. "Es importante mantener la calma, quedarse en un lugar seguro y no moverse demasiado, ya que esto puede generar atochamientos y complicar el trabajo de los vehículos de emergencia", dijo Yáñez.
Por lo mismo, hizo un llamado a la prudencia y la coordinación en momentos de eventuales crisis, como las dejadas por un posible movimiento telúrico alta magnitud.
No obstante, a pesar de los avances en materia de tecnología e infraestructura, existen desafíos pendientes que aún ponen en riesgo la seguridad de la población.
Según el ingeniero geomático, uno de los principales peligros en la ciudad de Los Ángeles son las construcciones antiguas ubicadas en el centro de la ciudad y en zonas periféricas, que están más alejadas de los centros de emergencia.
Estas edificaciones no siempre cumplen con las normativas sísmicas actuales, lo que las convierte en potenciales focos de vulnerabilidad ante una posible emergencia sísmica. "Los peligros latentes en la ciudad son las construcciones antiguas que están ubicadas en el centro de Los Ángeles y las zonas periféricas que se encuentran más alejadas de los centros de emergencia con que cuenta la ciudad" afirmó el profesional.
A 15 años del terremoto del 27 de febrero, comentó que los avances en la preparación y respuesta ante desastres son innegables. Sin embargo, la experiencia vivida en 2010 deja desafíos pendientes para fortalecer la cultura sísmica de nuestro país: "En general, hemos avanzado en hartos aspectos en cuanto a la mitigación, planificación y respuestas ante desastres naturales, pero obviamente queda más por aprender y mejorar".
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