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La Tribuna
Columnista

Indisciplina social

Alejandro Mege Valdebenito

por Alejandro Mege Valdebenito

"Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método no desorden; disciplina, no caos; constancia, no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia."  Manuel Belgrano. Político y militar argentino.

De modo general se define la disciplina como la forma coordinada, ordenada y sistemática de hacer las cosas de acuerdo a un modo considerado socialmente correcto. Lo contrario a la disciplina es la indisciplina, especialmente la indisciplina social - y como parte de ella, la indisciplina escolar-como el incumplimiento de las normas y regulaciones que mantienen el orden en una sociedad, conducta que atenta contra los valores y los principios que subyacen y sostienen a una sociedad y que se manifiestan y gravitan fuertemente en ámbitos como la educación, la salud, el trabajo y la política.

Sin disciplina no es posible lograr el éxito de ningún tipo tanto en el sistema escolar, como en las distintas actividades laborales, productivas, económicas, socioculturales y políticas. En educación, la indisciplina dificulta el proceso de enseñanza-aprendizaje y contribuye a disminuir, incluso anular, los resultados positivos del aprendizaje. La indisciplina está presente, en mayor o menor medida en casi todos (ya que siempre hay honrosas excepciones) los establecimientos educacionales del país  y constituyen la expresión de la inexistencia y práctica de valores de sana convivencia con palabras,  gestos y actitudes de rebeldía que desafían las normas disciplinarias  y el orden establecido que requiere toda institución escolar para cumplir con la misión educativo formadora a las nuevas generaciones que una sociedad (moralmente disciplinada, por cierto) le ha encomendado, con vandalismo y ataques a la integridad física y la dignidad de los miembros de la comunidad escolar y de sus autoridades con acciones que atentan contra la armonía de la institución donde estudian y se forman como ciudadanos intelectual y éticamente habilitados.

La indisciplina escolar no surge por generación espontánea, casi siempre está asociada con la falta de exigencias, de anomia y de control en el cumplimiento de las normas establecidas en la familia (cuando las hay) y en la vida social, impunidad frente al delito, laxitud o debilitada capacidad de quienes deben aplicar las disposiciones establecidas en los reglamentos escolares, a lo que se suma la carencia afectiva,  la influencia negativa del grupo de pares y la falta de educación cívica que debería servir como referencia y marco regulatoria de toda conducta atentatoria contra la seguridad y paz de la vida en comunidad. Con indisciplina se pierde la idea que para alcanzar un espacio en la vida se necesita de responsabilidad, esfuerzo y sacrificio por cuanto en la sociedad que vivimos nada resulta gratis y sin duda que las acciones y el ejemplo de las personas e instituciones del Estado constituyen una fuerza orientadora y formadora innegable para que, con su ejemplo conductor y orientador, contribuyan a evitar la indisciplina social y se muestren ejemplos de disciplina en la tarea legislativa y en los compromisos políticos, en la economía y el uso de los recursos de todos, en la administración general del país que constituyan un ejemplo a seguir, con visión de Estado y no solo de percepciones o de proyectos personales o sectoriales que, más que unir, dividen.

No debemos olvidar que la disciplina, como una actividad humana se aprende y, por tanto, hay que enseñarla y debe ser tratada como una tarea educativa desde la familia como una finalidad y nunca como un punto de partida. En otras palabras, la escuela, las instituciones escolares, no tendrían que esperar que los alumnos les lleguen bien "disciplinados", y ante cualquier asomo de indisciplina hay que abordarla de manera coordinada con la familia, los alumnos (quienes respetan aquello que ayudaron a construir), profesores, directivos escolares y autoridades del sistema para lograr una disciplina no dominadora sino consciente que no transforme la indisciplina bulliciosa en una indisciplina silenciosa que se traduzca en paredes rayadas, pupitres grabados, sillas rotas, plantas mutiladas, etc. etc.

Que la disciplina impere en todas las actividades de una sociedad educada  es una tarea inconclusa de la educación que se debe asumir.

Alejandro Mege Valdebenito

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