La "Patria", entendida aquí como la tierra de los padres, es aquel lugar donde emergimos a la vida y donde empezamos a descubrir el mundo material de la mano de nuestros progenitores y de nuestros hermanos mayores (acto propio de la cultura campesina). En el Chile rural del siglo pasado, (en 1900, casi el 70% de la población era rural) y en el mapa de nuestra provincia, predominaban las grandes extensiones territoriales de las haciendas y fundos, heredados por importantes familias, desde la colonización española en adelante, descolgándose, Biobío abajo, desde la cordillera hasta el valle.
En este contexto nace el inquilino chileno, habitante de la hacienda o del fundo, a cambio de algunas "regalías", como la crianza de un par de animales o siembras, "a medias" con el patrón, sumando a esto la disponibilidad de trabajar al fundo en forma permanente, sin retribución monetaria, responsabilidad que se iba trasmitiendo y distribuyendo entre los hijos mayores de la familia, liberando así del trabajo duro a los envejecidos padres. El modelo de inquilinaje en Biobío era prácticamente medieval; pues la permanencia en la hacienda era absolutamente tributable en todo su quehacer. Se destacan en la provincia las haciendas de los Junquillos y la Dicha de las familias Rioseco y Pug; también en este sector, las familias Hermosilla y Barrueto eran dueñas de importantes extensiones de terrenos; en el sector "El Huachi", comuna de Santa Bárbara, hacia el valle, estaban las familias Urrutia y Cochea, de la Maza, Ríos y Barrueto, entre otras. El inquilinaje, como forma y modelo de vida, se mantiene pasada la década de los 60 del siglo pasado. Los de mi generación nacimos y crecimos en el fundo, fuimos los sin tierra, siempre cambiando de lugar con parte de nuestros sueños y nuestra casa a cuesta. A la distancia de esta historia, cobra sentido aquello de "que todo tiempo tiene su afán" y que siempre contribuye a forjar el futuro, independiente de las vicisitudes vividas y sufridas.
Es oportuno reconocer los esfuerzos del pasado, el trabajo y también las luchas para mejorar la vida. Un homenaje al Chile rural descrito aquí y un especial reconocimiento a don Mariano Puga, dueño de la ex hacienda los Junquillos, por haber marcado la diferencia con sus "inquilinos", a quienes transformó en trabajadores remunerados y "asegurados", padre de nuestro querido sacerdote y compañero Mariano Puga, quien predicó y trabajó siempre por La paz y la justicia social.
Mario Morales Burgos
Profesor
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