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Columnista

Historia del inquilinaje en la Provincia de Biobío

Mario Morales Burgos, Profesor

por Mario Morales Burgos, Profesor

La "Patria", entendida aquí como la tierra de los padres, es aquel lugar donde emergimos a la vida y donde empezamos a descubrir el mundo material de la mano de nuestros progenitores y de nuestros hermanos mayores (acto propio de la cultura campesina). En el Chile rural del siglo pasado, (en 1900, casi el 70% de la población era rural) y en el mapa de nuestra provincia, predominaban las grandes extensiones territoriales de las haciendas y fundos, heredados por importantes familias, desde la colonización española en adelante, descolgándose, Biobío abajo, desde la cordillera hasta el valle.

En este contexto nace el inquilino chileno, habitante de la hacienda o del fundo, a cambio de algunas "regalías", como la crianza de un par de animales o siembras, "a medias" con el patrón, sumando a esto la disponibilidad de trabajar al fundo en forma permanente, sin retribución monetaria, responsabilidad que se iba trasmitiendo y distribuyendo entre los hijos mayores de la familia, liberando así del trabajo duro a los envejecidos padres. El modelo de inquilinaje en Biobío era prácticamente medieval; pues la permanencia en la hacienda era absolutamente tributable en todo su quehacer. Se destacan en la provincia las haciendas de los Junquillos y la Dicha de las familias Rioseco y Pug; también en este sector, las familias Hermosilla y Barrueto eran dueñas de importantes extensiones de terrenos; en el sector "El Huachi", comuna de Santa Bárbara, hacia el valle, estaban las familias Urrutia y Cochea, de la Maza, Ríos y Barrueto, entre otras. El inquilinaje, como forma y modelo de vida, se mantiene pasada la década de los 60 del siglo pasado. Los de mi generación nacimos y crecimos en el fundo, fuimos los sin tierra, siempre cambiando de lugar con parte de nuestros sueños y nuestra casa a cuesta. A la distancia de esta historia, cobra sentido aquello de "que todo tiempo tiene su afán" y que siempre contribuye a forjar el futuro, independiente de las  vicisitudes vividas y sufridas.

Es oportuno reconocer los esfuerzos del pasado, el trabajo y también las luchas para mejorar la vida. Un homenaje al Chile rural descrito aquí y un especial reconocimiento a don Mariano Puga, dueño de la ex hacienda los Junquillos, por haber marcado la diferencia con sus "inquilinos", a quienes transformó en trabajadores remunerados y "asegurados", padre de nuestro querido sacerdote y compañero Mariano Puga, quien predicó y trabajó siempre por La paz y la justicia social.

Mario Morales Burgos

Profesor

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