Cultura

Antuco visitado por J.N. Reynolds: Un hallazgo extraordinario

El abogado e historiador Tulio González Abuter nos entrega este documento que resume el viaje realizado a la zona de Antuco por uno de los reconocidos e influyentes expedicionarios norteamericanos.

Sierra Velluda, según Poepig,
Sierra Velluda, según Poepig / FUENTE:

Jeremiah N. Reynolds, el famoso periodista, aventurero y escritor norteamericano, obtiene apoyo del gabinete del Presidente estadounidense John Quincy Adams para una expedición al Polo Sur, pero el nuevo mandatario Andrew Jackson retira el patrocinio. La empresa, entonces, es financiada por su acaudalado amigo John F Watson. Aprovisionan el barco "Annawan" y zarpan desde Nueva York en 1829, en un larga y peligrosa travesía que los lleva a divisar los hielos y el continente Antártico. Pero después de múltiples peripecias el velero tomó rumbo al norte por el Océano Pacífico, llegando a Valparaíso en 1830, donde la tripulación se amotinó y dejó a Reynolds y Watson en tierra. Lejos de amilanarse, consiguen del cónsul de su país en aquel puerto, gestione cartas de recomendación a las autoridades de la provincia de Concepción, especialmente al general del ejército del sur, futuro presidente de la República, José Joaquín Prieto, para que otorgue los salvoconductos necesarios para visitar la Araucanía. Comienza así un periplo que los llevará a recorrer buena parte de la zona centro sur de Chile. 

Los norteamericanos llegan a Concepción, visitan Talcahuano y la zona aledaña, siguen a Yumbel y Los Ángeles. El 12 de noviembre ya se encuentran en Antuco con caballos y provisiones para cinco días. Reynolds describe el pintoresco pueblo como una aldea marcada por el miedo de sus habitantes a las constantes excursiones de los bandidos, pero le impresiona también su sencillez y amabilidad. Tal como ocurre con el alemán Eduard Poeppig, tan solo dos años antes, queda impresionado por la belleza colosal del paisaje. El objetivo es conseguir la cumbre del volcán, que presenta mucha actividad, con una fumarola visible desde decenas de kilómetros y de vez en cuando con lanzamiento de piroclastos.

Avanzaron hacia su objetivo, llegando al fuerte de Vallenar, llamado por aquellos días El Castillo, en el que pernoctan. "Ninguna pluma puede hacer justicia al paisaje en que entramos", dice Reynolds. Describe la Sierra Velluda y el impresionante lago; las cascadas y los innumerables arroyos que fluyen al río Laja; las araucarias, que considera los árboles más hermosos que ha visto, y los verdes prados que contrastan con la nieve sobre las cumbres y el material volcánico.

Sin embargo, la excursión presenta dificultades. Una incesante lluvia con feroces truenos, junto al ruido del volcán, atemoriza a los guías y pronto abandonan a los estadounidenses. Aún lejos de la ansiada cumbre, vuelven al Castillo. Reynolds expresa su asombro por aquel ambiente: "Oh noche, tormenta y oscuridad, sois maravillosamente fuertes".

El domingo 15 de noviembre cesa la lluvia y comienza a caer copiosamente la nieve, ruge el Laja y las explosiones del volcán le parecen disparos de artillería. El día siguiente fue más auspicioso; consiguieron caballos de montaña y decididos emprendieron su ascensión a la cumbre, pero nuevamente comenzó la lluvia, granizos y luego la nieve que cubrió incluso los valles más bajos. Regresaron al pueblo cansados y mojados. Finalmente, reanudan la ascensión durante la mañana del día 23 y logran llegar a las proximidades del cono, exhaustos. Según Reynolds, plantan allí la bandera de su país y regresan a Antuco con los ojos hinchados, permaneciendo tres días encerrados, reponiéndose del cansancio y la ceguera que les provocó la deslumbrante blancura de la nieve.

A su regreso a Los Ángeles, encontraron al general Prieto a punto de iniciar un parlamento con los principales lonkos, lo que aprovecharían para su intento de conocer más íntimamente a los mapuche. Luego pasaron el río Bío-Bío por San Carlos Purén, hasta Pilguén, lugar en que se entrevistaron con el legendario cacique Mariluán. Vuelven y reingresan a la Araucanía por Nacimiento y de allí a Valdivia.

Más tarde vuelven a Valparaíso. Reynolds aprovecha la oportunidad y se embarca en el buque estadounidense "Potomac", rumbo a Malasia y otros destinos. Watson enferma y regresa a Nueva York vía Buenos Aires, llevando parte de los escritos de su amigo.

J.N. Reynolds describió detalladamente sus viajes, especialmente sus 15 días en Antuco, a través de largas cartas fechadas en Los Ángeles, las que fueron publicadas en la Southern Literary Messenger, de Nueva York y luego en otros periódicos y revistas de Estados Unidos; y en la prestigiosa revista londinense The Athenaeum Literature, que reeditó sus escritos hasta diez años después.

La influencia de Reynolds en la literatura es notable. Su obra "Mocha Dick" inspiró a Herman Melville para escribir su universalmente conocida novela "Moby Dick". Asimismo, sus conferencias y escritos inspiraron a su amigo Edgar Alan Poe en "La Narración de Arthur Gordon Pyn", y sin duda a Julio Verne en su obra "Los Hijos del Capitán Grant", en que Antuco forma parte de los escenarios de ficción más notables, en la llamada "Travesía de Chile", en el paralelo 37°, tal como inicia el escritor norteamericano su narración sobre la visita real a este lugar determinante de nuestra geografía.




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